DISCURSO DE MU-KIEN ADRIANA SANG BEN

AL JURAMENTARSE COMO PRESIDENTE DE LA

ACADEMIA DOMINICANA DE LA HISTORIA

 

10 de agosto 2016

 

 

Señor

Bernardo Vega, presidente saliente de la Academia Dominicana de la Historia.

 

Roberto Cassá, José Chez Checo, Emilio Cordero Michel y Frank Moya Pons, ex presidentes de la Academia.

 

Miembros de Número.

 

Miembros Correspondientes.

 

Colaboradores de la Academia.

 

Compañeros que integran la nueva directiva que hoy asume las riendas de la Institución.

 

Mi esposo Rafael Toribio, cómplice eterno de mis aventuras y en su persona a los demás miembros de mi larguísima familia que están presentes.

 

Rector de la PUCMM, Padre Ramón Alfredo de la Cruz Baldera; y

 

Monseñor Agripino Núñez, ex rector de la PUCMM y Presidente de la Fundación Madre y Maestra.

 

Amigos queridos que vinieron a acompañarme. No olviden que ustedes son mi familia elegida.

 

Público en general

 

Buenas noches,

 

Gracias por acompañarnos, a nosotros los nuevos miembros de la directiva de nuestra Academia Dominicana de la Historia, en esta calurosa noche de agosto, muy característica de nuestro verano tropical.

 

En esta casa y en este salón, lleno de historia, me dirijo a ustedes con alegría, para asumir la presidencia de la Academia Dominicana de la Historia. Por primera vez, en 85 años, una mujer historiadora asume esta posición y me siento orgullosa de ostentar este gran honor.

 

A través de los años, en la construcción de la historia, grandes y valientes mujeres hicieron verdaderos sacrificios para lograr visibilidad, después de siglos de invisibilidad, olvido y ausencias. Se hicieron peligrosas porque leían y reclamaban poder pensar con cabezas propias. Y, en acto de valentía tomaron senderos distintos a los que la sociedad les imponía.

 

Gracias a este grupo de valientes mujeres, nosotras, las mujeres de hoy, hemos podido ganar espacios sociales, tradicionalmente vedados. Como bien explicaba Luis Vitale, en su notable libro “La Mitad invisible de la historia”, nosotras hemos sido: Mujeres sin rostro, de fisonomía desdibujada por el tiempo, virtualmente sepultadas en la historia.[1]

Y esta situación es mucho más especial para mí, una dominicana de padre chino, nacido en una lejana aldea de la China continental. Allí, en esa inmensa nación, todavía hoy, siglo XXI, la mujer, a pesar de los avances en materia económica y tecnológica, sigue siendo considerada una persona de segunda categoría. Y como explica Xiran Sue en su desgarrador libro autobiográfico, “Nacer mujer en China”, el horizonte liberador es el matrimonio. Sale de una cárcel, para construir la suya. La sabiduría china, tan profunda y prolifera se detiene ante la mujer.  

Creo, sin lugar a dudas, que esta noche se marca un hito en la propia historia de nuestra amada institución. Una rápida mirada a los cuadros que engalanan este salón, y de los que están en el espacio contiguo, podremos ver que todos, con la excepción de nuestra María Ugarte, son historiadores hombres.

 

Gracias a Dios que desde hace algunos años, nuestra academia ha realizado grandes esfuerzos para que las mujeres historiadoras formen, formemos, parte activa en nuestras estructuras y participemos con fuerza en nuestras actividades.

 

La Academia Dominicana de la Historia fue fundada el 23 de julio de 1931, mediante el decreto No. 186. Se instaló formalmente el 16 de agosto de ese año, hace, como dijimos, exactamente 85 años. Durante sus años de existencia, ha acogido en su seno a los más importantes historiadores del país. Salió a la luz en circunstancias históricas muy diferentes a las actuales. El país vivía los inicios de la dictadura de Trujillo. Por convicción o temor quién sabe, la historia de entonces se convirtió en la práctica en la historia oficial. Se centró en el pasado remoto y solo llegaba hasta el siglo XIX. Cuando su discurso alcanzó el siglo XX, fue para emular a la dictadura y sus logros. Se especializaron en contar, con precisión impresionante, la concatenación de los hechos, dando muestras de una gran erudición.

 

Lo importante era el recuento, no la interpretación, por supuesto. También es justo de reconocer que la prolífera producción intelectual ha servido de fuente obligada de información para nosotros, las generaciones presentes. Por ejemplo, los libros de Don Emilio Rodríguez Demorizi siguen siendo fuente obligatoria de consulta.

 

Fernando Braudel describe con lucidez esta forma de hacer historia, y dice:

 

 Sus relatos estaban cronometrados con la misma medida o el mismo “reloj”, ignorando ritmos y velocidades. De manera que las guerras, las catástrofes y todos aquellos sucesos por los que esa historia se interesaba, se habían producido en tal o cual fecha precisa, habían durado tal o cual período de tiempo, era “un dato más” y, en todo caso, de corto alcance, puesto que la historia tradicional se volcaba a los eventos breves, explosivos e instantáneos.[2]

 

Pasaron los años, y después de un gran activismo académico, produciendo la revista Clío y otras publicaciones, nuestra academia vivió en un letargo casi mortal. Se ensimismó, y se aisló del mundo, y quedó como espacio de discusión de los escasos eruditos de la historia que formaban parte de sus filas.

 

Llegaron nuevos tiempos. La Academia, nuestra Academia Dominicana de la Historia, como la vida, y como las demás instituciones, tuvo que abrirse al mundo, a nuevas corrientes historiográficas y a nuevos actores formados en escuelas históricas muy distintas. La directiva que encabezó el abogado e historiador Julio Genaro Campillo Pérez inició el proceso de apertura. En sus inicios había reserva, expectación ante ese cambio, que aunque paulatino, era muy grande en relación a lo que existía.

 

Agradezco mucho a este historiador santiaguero Julio Genaro Campillo Pérez, a quien conocí en mi Santiago natal, siendo muy niña. A principios de los años 90 me incorporé como miembro correspondiente. Unos años más tarde, iniciando este siglo, fui electa como miembro de número.

 

Convencida de que el hoy es una sucesión de ayeres, una suma de días que se suceden uno tras otro. Convencida también que recibimos una herencia histórica, resultado del trabajo de otros seres quienes, antes que nosotros, enfrentaron con optimismo y compromiso los retos que tuvieron que superar. Debemos ser lo suficientemente humildes para reconocer el esfuerzo y los aportes que hicieron aquellas personas que llegaron antes que nosotros.

 

Nuestra institución inició un nuevo sendero. Después de Campillo Pérez, otros historiadores han ofrecido lo mejor de sí para que nuestra Academia cumpliera su rol social, de ser referente en materia histórica, pero sobre todo la principal promotora del conocimiento de la historia en el seno de la sociedad dominicana.

 

Bajo la Presidencia del amigo Roberto Cassá, hubo incorporación a las actividades de muchas personas. La precariedad económica obligó a pensar en alternativas de autofinanciamiento. Ahí surgió el fondo patrimonial. Después de muchos esfuerzos, el sector privado se sensibilizó y aportó de manera decidida. Logramos donaciones del sector privado por varios millones de pesos. En ese período se elaboraron importantes proyectos, uno de ellos fue la Historia del Pueblo Dominicano, que tantas expectativas ha generado. Con él comenzó la apertura de la Academia no solo a los académicos, sino también a los amantes de la historia.

 

Le siguió la presidencia de José Chez Checo. Bajo su gestión, se continuó con la apertura al gran público de las actividades de la academia. Celebramos en grande los 75 años de la Academia. Uno de su más grande y significativo aporte es haber llevado a cuestas la historia dominicana por los cuatro puntos cardinales de nuestros 48,000 kilómetros cuadrados. Se hicieron seminarios locales en lugares inimaginables. La respuesta fue masiva y entusiasta. Se ofreció la oportunidad a los historiadores de esas localidades de contar con un espacio académico para discutir sus ideas. También se iniciaron reconocimientos con el simple objeto de homenajear a aquellos historiadores y amantes de la historia que hicieron importantes aportes.

 

Emilio Cordero Michel le sucedió en la presidencia. Además de su magnífica labor en la edición de la Revista Clío, durante sus tres años de gestión, realizó interesantísimos seminarios internacionales en alianza con importantes instituciones nacionales e internacionales. La Academia recibió a muchos colegas de diferentes latitudes, especialmente del Caribe hispano. Dedicó gran parte de su energía a publicar obras históricas de gran interés para nuestra comunidad académica. 

 

Después de esos tres intensos años, fue electo Frank Moya Pons como Presidente. Durante su gestión, se ocupó de localizar tesis doctorales en universidades norteamericanas cuyos temas versaran sobre historia dominicana. Muchas de ellas han sido publicadas ya, incluso por la gestión que termina hoy; pero todavía quedan muchas por publicar. En ese período se organizó un masivo evento internacional sobre histórica económica en el Caribe, en el que participaron cientos de académicos del mundo, vinculados a la investigación histórica e interesados en la historia caribeña. Frank se destacó por su política de inclusión de todos los historiadores. Bajo su gestión se inició un trascendente programa de becas con la Universidad Pablo de Olavides. Ya hemos enviado a casi una decena de profesores de historia. Se busca profesionalizar la investigación histórica, pero sobre todo, crear y formar el grupo de historiadores que asumirán las riendas del proceso, cuando nosotros no tengamos ya fuerzas para hacerlo.

 

Con la gestión de Bernardo Vega, la academia entró en una vorágine impresionante de actividades. Durante su gestión ocurrieron dos importantes efemérides: los 50 años de la Guerra de Abril de 1965 y los 100 años de la Ocupación norteamericana de 1916, y aprovechando esa circunstancia se publicaron obras y se organizó un amplio programa de conferencias, algunas de las cuales todavía están pendientes de ofrecerse en lo que resta del año. Además, fue activo en la búsqueda de fondos para proyectos específicos con los empresarios dominicanos.

 

De las últimas 5 directivas, he formado parte de tres de ellas, ocupando la secretaría, la vicepresidencia o la tesorería. Aunque no era formalmente integrante de la junta directiva durante la gestión de Roberto Cassá, participé activamente, sobre todo colaborando en la conformación del Fondo Patrimonial y en las actividades desarrolladas para materializarlo. Lamentablemente durante la presidencia de mi querido Emilio Cordero, estuve bastante ausente de la Academia, debido a que estaba envuelta en una intensa vorágine laboral, con muchas responsabilidades sobre mis hombros. Lo siento mucho amigo.

 

El miércoles 13 de junio se realizó la Asamblea eleccionaria. En esa sesión quedó conformada la Junta Directiva que dirigirá la Academia durante el período 2016-2019. Tuve el honor de haber sido elegida como Presidente, gracias al apoyo unánime de todos los académicos de número que estuvieron presentes. En la vicepresidencia fue electo Adriano Miguel Tejada. En la Secretaría fue elegido el Dr. Amadeo Julián, quien se estrena en estas lides. El rol de Tesorero recayó en  Manuel García Arévalo. Como vocal fue elegido José del Castillo, quien también es nuevo en las lides de la Junta Directiva.

 

Confío de corazón que estos cuatro colegas que me acompañarán en esta travesía que comenzará la próxima semana y que durará tres años, asuman el compromiso con pasión, entrega y responsabilidad. Espero que trabajemos en armonía para llevar a nuestra institución por los senderos que nuestra comunidad espera. Nosotros cinco hemos asumido un gran compromiso que debemos honrar. Debemos trabajar duramente. Estoy segura que no me sentiré sola en este largo trayecto que iniciaremos.

 

Me permito ahora exponer las líneas claves de la gestión que inicia en los próximos días. Soy de las que cree que la cohesión institucional es esencial para avanzar y sobre todo, para asegurar el fortalecimiento institucional. Los miembros de número, los correspondientes y los colaboradores, hacen que esta academia sea una entidad viva. Solo tengo una petición que hacerles: cuando los llamemos para que formen parte de alguna comisión, ofrezcan una conferencia, participen en algún evento aquí en la sede o en algún pueblo del interior; o simple y sencillamente para invitarles que vengan a su casa para cuidarla y mimarla; digan con fuerza “¡Claro que sí!” “¡Vamos a colaborar!”.

 

Estamos aquí porque amamos la historia, porque nos fascina escuchar y aprender acerca de los hallazgos encontrados en las investigaciones hechas por diferentes investigadores. Más aún, compartir con otros lo que estamos pensando, lo que hemos encontrado, es una oportunidad única e irrepetible. Pero sobre todo, creo en la cohesión de los miembros, en el espíritu de cuerpo. Trabajaremos duramente para que los miembros de número y los correspondientes se incorporen activamente ofreciendo conferencias, participando en las comisiones de trabajo y en las demás actividades de la institución.

 

La reforma curricular que ha estado llevando a cabo el Ministerio de Educación, aunque no lo exprese formalmente, en la práctica ha abandonado la historia. En materia de formación docente, los programas de historia son escasos. Y todavía peor, en los diferentes programas y proyectos que se desarrollan en varias universidades, el componente de historia ha sido eliminado. Por esta razón, se hace necesario insistir con los Ministerios de Educación y del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, que respalden la historia, para que vuelva a ser prioridad en la estrategia educativa, necesaria e imprescindible para la conciencia ciudadana de los jóvenes. La enseñanza dominicana tristemente, muy tristemente, ha abandonado la historia. Abandono que no se explica porque se pretende construir una ciudadanía consciente.

 

Asumo como mía la posición de Edgar Morín, el sabio francés, padre del pensamiento complejo, quien defiende que la historia juega un papel fundamental en la educación. Es clave para los adolescentes, porque les permite situar a los jóvenes en su propio momento histórico y les da la perspectiva macro sobre el curso mismo de la humanidad, permitiéndoles el conocimiento del carácter multidimensional y complejo de las realidades humanas. Invita a los profesores superar el estrecho marco de las disciplinas para situarse en los nuevos contextos.[3]

 

La enseñanza de la historia, como dice Edgar Morín, debería coronar el proceso, siempre y cuando su enseñanza no se reduzca al estrecho y aburrido marco de fechas y hechos, sino al conocimiento que permite aprehender y aprender el carácter complejo y multidimensional de la realidad humana. Solo así podrá desarrollarse una formación ciudadana, que debería tener como fin el de la ciudadanía universal. 

 

Así, conscientes de que la enseñanza de la historia es fundamental, volveremos a acercaremos a las autoridades educativas para ofrecer nuestra ayuda en materia educativa de la enseñanza de la historia. De nuestra parte, crearemos el PROGRAMA PERMANENTE SOBRE ENSEÑANZA DE LA HISTORIA que abarque los siguientes aspectos: Capacitación de profesores, desarrollo curricular, análisis de los libros de texto y metodología de la enseñanza.

 

Convencida de que para avanzar en el conocimiento de la historia, se hace necesario profundizar las investigaciones, como una forma romper paradigmas y proponer nuevas aproximaciones en la interpretación de los procesos históricos, en tal sentido:

 

1.   Elaboraremos un plan de investigaciones sobre temas no investigados al día de hoy.

2.   Se crearán grupos de trabajos sobre temas particulares, que han sido poco estudiados.

3.   Buscaremos financiamiento para la realización de investigaciones

4.  Se institucionalizará el taller permanente de investigación histórica, para fortalecer la formación en esa materia, y crear nuestra propia escuela historiográfica.

 

Continuaremos, fortaleceremos y ampliaremos la labor de servir de espacio de difusión de los grandes temas históricos en República Dominicana. En concreto proponemos:

 

1.  CONFERENCIAS: Se realizarán por lo menos dos conferencias mensuales, impartidas por los Miembros de Número; los miembros correspondientes y los colaboradores, así como investigadores extranjeros visitantes a la República Dominicana.

2.  COLOQUIOS REGIONALES DE HISTORIA LOCAL: Estos programas se harán en coordinación con nuestros miembros de número, correspondientes y colaboradores que viven en las diferentes provincias del país.

3.  SEMINARIOS INTERNACIONALES: Se harán al menos dos seminarios en el período. Estos seminarios se harán en alianza con instituciones nacionales y extranjeras.

4.     Retomaremos la celebración de los Congresos Dominicanos de la Historia.  Se han celebrado más de 15, pero desde hace años no se realizan.

5.    TERTULIA: “El autor y su obra”. Se invitarán prestigiosos historiadores dominicanos o internacionales para que expongan, en un diálogo abierto con el público, su experiencia en investigación histórica.

6.    BECAS: Continuar con el programa de becas para estudios doctorales en Historia en universidades nacionales y extranjeras.

7.    Tener presencia, mayor presencia en los medios de comunicación social. Hacer el esfuerzo de crear una columna quincenal que se titule: “Notas de la Academia Dominicana de la Historia”. 

8.    Estar presente en las redes sociales para difundir las actividades de la Academia.  

 

Se impone ahora fortalecer aún más el vínculo con el sector empresarial. Es necesario aumentar el fondo patrimonial para que nuestra entidad no tenga como única fuente de financiamiento al Estado. Debemos volver a tocar puertas, no solo para proyectos específicos, como se hizo en esta última gestión, sino también para aumentar el fondo. Debemos pensar en nuevas fuentes de financiamiento. Nos proponemos la meta de aumentar el fondo en tres millones de pesos adicionales.

 

De acuerdo al artículo 57 de los Estatutos de la Academia se establece que la Junta Directiva podrá establecer concursos y premios anuales sobre temas históricos. Pienso que deberíamos rescatar este artículo, sobre todo si se toma en cuenta que se instituyó hace unos años el Premio

. Es una manera efectiva de estimular la investigación histórica, pero sobre todo, premiar el esfuerzo serio y la entrega en materia de investigación. Se premiarán dos renglones: Libro del año y Maestro de Historia del año

 

Se continuará con el programa de publicaciones, pero como una forma de maximizar recursos proponemos:

 

1.  Elaborar los criterios para la publicación de obras auspiciadas por la Academia.

2.  Hacer los mayores esfuerzos para que los tomos que faltan de la Historia del Pueblo Dominicano se completen.

3.  Indexar la revista CLÍO a nivel internacional.

4.  Publicar obras inéditas de los miembros de la Academia, siempre y cuando hayan sido aprobadas por el Comité Editorial.

5.  Continuar con la publicación de tesis de historiadores extranjeros sobre Historia Dominicana.

 

En materia de fortalecimiento institucional, nos proponemos:

 

1.  Continuación del enriquecimiento y tecnificación de la Biblioteca.

2.  Continuar con el proceso de mejoramiento y modernización de las instalaciones.

3.  Hacer los mayores esfuerzos para adquirir un nuevo local para la Academia.

 

Para finalizar permítanme hacer unas reflexiones. Los historiadores no solo tenemos el compromiso con la historia, por el mero placer, por la simple curiosidad del conocimiento. Si bien nos ocupamos de escudriñar el pasado, tenemos una gran responsabilidad con el mañana.  

 

Parafraseando a Benedetto Croce, una mirada al pasado, nos muestra con creces que la historia ha sido la lucha de los hombres y mujeres por su libertad, una libertad que se traduce en diferentes planos: el político, el económico, el social y el cultural. Como ocurrió en el siglo XIX con el liberalismo; o la Revolución Industrial en ese mismo siglo, que transformó la producción de bienes y creó un sector social, los obreros, que desde su nacimiento han luchado por sus reivindicaciones. A través del tiempo, y en ese proceso de responder a sus demandas, de sus luchas por mejorar sus condiciones de vida, el ser humano ha podido evolucionar y realizar su propia existencia.

 

Como historiadores, como especialistas de la ciencia más antigua de todas las ciencias sociales, tenemos la responsabilidad de escudriñar el pasado, y reitero no solo por el maravilloso placer de descubrir lo desconocido, sino para que la ciudadanía, nuestro pueblo, conozca su historia. Una contribución para que no sigan, no sigamos repitiendo sus, nuestros, propios errores. Nosotros los historiadores, no solo aprendemos del pasado, sino que lo aprehendemos y lo reconstruimos desde nuestro presente, intentando de buscar las respuestas en el pasado de las inquietudes que nuestra propia realidad nos presenta. Como decía Cicerón:

 

La historia misma, testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, mensajera de la antigüedad…

 

Permítanme aprovechar esta ocasión para expresar de corazón muchos agradecimientos. En primer lugar a los miembros de número que me eligieron para presidir la institución. Un abrazo especial a todos y cada uno de ustedes. Desde que mi llegada hace más de 20 años, me he sentido acogida y estimulada a participar en todos los espacios. Gracias del alma.

 

Agradezco a los profesores que me marcaron y estimularon para convertirme en historiadora. Pocos de ustedes conocen que yo decidí ser historiadora después que fui alumna de Adriano Miguel Tejada. En sus clases descubrí la maravillosa pasión de investigar la historia. El Profesor Carlos Dobal, académico nuestro que murió hace varios años, fue otros de mis profesores favoritos, que me marcó profundamente. Con él aprendí y descubrí la pasión por la cultura, el arte y el pensamiento. Ellos dos fueron mis maestros claves para tomar este camino. Rescato hoy también la memoria de Ruggiero Romano, mi amado y temido profesor durante mis años de estudios doctorales, por haberme obligado a nacer de nuevo, para estar dispuesta a reaprender en lo que me resta de vida.

 

Agradezco a mi esposo Rafael, porque ha sido un sostén maravilloso en esta travesía mía. Ha estado a mi lado, apoyándome y ayudándome. A mis hijos del alma y a mis nietos porque me han regalado muchos días de felicidad.

 

Agradezco a mi inmensa familia porque hemos estado juntos, en las buenas y las malas. Juntos siempre para apoyarnos, para amarnos, y por qué no, a veces también para pelear y discutir. Recuerdo con amoroso agradecimiento a mi padre Ana y Miguel Sang.

 

A mis amigos, la familia elegida por estar presentes en todos los momentos de mi vida.

 

Agradezco de corazón a mi alma mater, la PUCMM, Allí me he desarrollado como persona y como profesional. 

 

Finalizo mis palabras con una hermosa reflexión del historiador sirio Luciano de Samósata, quien de forma valiente decidió en Siria, entonces una de las provincias romanas más florecientes, hacer historia crítica, sin complacer a los temidos invasores. Escribió un gran tratado titulado “Cómo ha de escribirse la historia en el que hablaba del papel del historiador. En esta obra, decía:

 

«Así ha de ser el historiador exento de temor, incorruptible, independiente, amigo de la franqueza y de la verdad, llamando, como dice el cómico, al higo, higo, y al esquife, esquife; sin conceder nada a la amistad ni al odio; sin perdonar nada por compasión, vergüenza o respeto; juez imparcial, benévolo con todos, sin excederse para nadie de lo justo; extraño a sus libros, sin rey, sin ley y sin patria, y sin preocuparse de lo que éste o aquél pensará, refiriendo verazmente los hechos.»

 

Muchas gracias de corazón. Hoy es una noche feliz. Hoy se inicia un reto. Hoy comienza una larga travesía, que en lo personal y en nombre de la Junta Directiva que hoy tomó posesión, queremos hacerla con todos ustedes.

 

Mu-Kien Adriana Sang Ben

 

[1] Luis Vitale, La mitad invisible de la historia, Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1987, p.64

[2] Fernando Braudel, La historia y las ciencias sociales, Alianzas, Madrid, 1974, p.68.

[3] Edgar Morin, Con la cabeza bien puesta. Repensar la reforma. Reformar el pensamiento, Editorial Nueva Visión, Buenos Aires, 2002.

Fuente: ADH, Santo Domingo, 2016   

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